La Moto (Nawí).
Sustituyó al coche a partir de EEUU, y la historia del día que nos conocimos es una de las más bonitas del viaje.
Yo acababa de enterarme que mi coche se volvía a Calcuta, en el mismo container con el que había llegado a Canadá, por traer algo de barro en las ruedas. Tras un par de días de crisis, finalmente decidí terminar el viaje en moto de campo.
Después de mucho asesorarme la decisión estaba clarísima. Necesitaba una Kawa KLR 650.
No tardé mucho en encontrar una como nueva en Las Vegas, cuyo propietario, un tal Clay, había hecho buenísimas migas conmigo por teléfono, y estaba absolutamente fascinado con mi viaje. Me dijo que volara para allá y que no me preocupara por el dinero, que ya llegaríamos a algún acuerdo.
Y así fue. Llegué en avión a las 10 de la noche, y Clay no sólo me ofreció un trato más que correcto, si no que a demás, me regaló su casco y sus guantes, me trajo la cena, y me dejó probar la moto por el desierto todo el fin de semana.
La primera noche que salí con ella, conocí a una banda de moteros que vestían cuero y calaveras y curiósamente eran todos de Mexico, y vivían en ´Los Angeles. Los Aztec Riders alucinaron con la historia del viaje, y me invitaron aquella noche a su hotel, y lo mismo cuando llegué un par de días después a Los Ángeles.
Me ayudaron a hacerle la puesta a punto a la moto, y prepararla un poquito para cruzar medio mundo.