16 al 30 de Junio. India. Una buena dosis de realidad.
Friday, July 4th, 2008Tomé la carretera rumbo a Delhi, y tras atravesar los primeros pueblos me di cuenta que aquellos lugares eran mucho más pobres que ninguno que hubiera visto antes. Estaban repletos de porquería por todas partes y acostados a los lados de las calles convivían animales, escombros y gente enferma.
La primera ciudad por la que pasé fue Amristar, donde reinaba el más absoluto caos. Había basura por todos lados y en todos los lugares que me detenía, un montón de gente se ponía delante del coche y se quedaba quieta mirando. Siempre que me separaba del coche, al volver veía a gran grupo de personas ahí pasmado y al verme me rodeaban para pedirme dinero. Detenerme en un lugar pintoresco de la ciudad para fotografiarlo era del todo imposible ya que en muchos casos, personas con tremendas discapacidades se tumbaban frente al coche cortándome el paso para que les diera algo de dinero. Me di cuenta rápidamente que aun no estaba preparado para aquello y mi paso por aquella ciudad fue bastante breve. Enseguida percibí una gran diferencia entre la pobreza de La India y la que había visto en el resto de los países. Aquello no era pobreza, si no miseria.
Me detuve en un par de pueblecitos después, donde el ambiente, aun que tremendamente mísero, era algo más normal. Al principio, como en todos los países me costaba un poco dirigirme a la gente con naturalidad. Cada vez menos, pero aun las primeras palabras que pronunciaba en cada idioma me salían torpes y forzadas. Sabía que aquel día no llegaría a mi destino de ninguna manera, así que me lo teme con calma y decidí a media tarde buscar algún buen sitio apartado de la carretera para dormir.
Si había algo que me había llamado la atención desde el principio, era la cantidad de gente que había por todas partes. No había un solo sitio a los lados de la carretera en el que no hubiera una casa o gente cerca. Me imaginé que sería cuestión de tiempo el encontrar una zona tranquila para montar el campamento, así decidí continuar mi camino hasta entonces. Pero las horas pasaron y todo seguía igual. Hacía una media de velocidad bajísima debido a que la carretera atravesaba continuamente pueblos y el tráfico y la manera de conducir de la gente hacía que todo fuera más lento aun.