1 de Mayo. Zagreb – Belgrado
Friday, May 2nd, 2008Llovió casi toda la noche pero amanecimos con un día bastante bueno. Lo de sacar la cabeza por la ventana de la tienda y ver un montón de tumbas, es una sensación nueva para todos. Recogemos rápidamente y nuevo record. A las 9 y cuarto de la mañana partimos rumbo a Belgrado.
Evidentemente, no podíamos abandonar Croacia sin que por alguna razón, Jrogre cogiera manía a los croatas. Por ello, después de haber parado a repostar en un área de servicio, tomó los mandos de Andrés y… adivinad. ¡Primer encuentro con la Policía!
Jaime: - ¡Anda mira! una moto de policía a lo lejos. Chicos ¿lleváis los cinturones?
Todos: - Siiii
Jaime: - Jrogrito ¿llevas puestas las luces?
Jrogre: - ¡Si claro Sajtito!
Evidentemente no las llevaba puestas. 5 minutos más tarde, le estaba soltando 20 eurillos (sin factura, ya que con factura eran 50) al policía por culpa del cual, los croatas se han convertido para él en una panda de chorizos.
Pasada la aduana serbia, encontramos junto a la autovía una tremenda pista de karting en la que no pudimos evitar detenernos para dar unas vueltecitas. La encantadora señorita que nos atendió tuvo una especial fijación con uno de nosotros. Gracias a Dios la cosa no cuajó. De nuevo al coche y rumbo a Belgrado.
Tras 400km de carretera con firme inmaculado, alcanzamos nuestro destino. Los vestigios de guerra y comunismo nos dejan a todos boquiabiertos. Palacios aun destrozados por las bombas se funden con acristalados y modernos edificios en lo que es una especie de popurrí arquitectónico.
Los servios, una auténtica maravilla. La gente más simpática que nos hemos encontrado hasta el momento. Todos quedaban fascinados al vernos y automáticamente preguntaban… ¿Barcelona? ¡Jajaja! Andrés causó auténtico furor entre las Jovencitas.
Después de un paseito por la capital serbia, tomamos la carretera rumbo a Rumania. En la primera zona montañosa, sin pueblos cerca, nos desviamos por un camino de tierra para buscar un lugar agradable donde montar el campamento base. Pocos kilómetros después lo encontramos entre unos sembrados y un bosque de robles. Una cenita ligera y ninguno de nosotros pudo luchar contra el cansancio acumulado.