27 de Abril. Empiezan los problemas… pero la Costa Azul es TAN bonita! Perpignan-Génova
Monday, April 28th, 2008Como cabía esperar, hemos comenzado la mañana con una hora y media de retraso. Nos hemos dormido los cuatro lo que es buena señal, ya que indica que nuestros lechos son tremendamente cómodos. A partir de mañana cada día uno de nosotros es el encargado de despertar a los demás, el que no cumpla dicho propósito lavará los platos de la cena de ese día.
A las 10 de la mañana hemos salido de Perpignan y nos hemos dirigido a Saint-Tropez por la autopista. Cuando llevábamos unos 100km recorridos, misteriosamente se han encendido todas las luces de aviso del cuadro de instrumentos de Andrés, hecho al que no le hemos dado mayor importancia después de que un entendido del tema al que he llamado por teléfono a Madrid, me dijera que solo era cuestión de resetearlo. A decir verdad, lo de tener que parar el coche en el arcén y abrir el capó para ver que pasaba no me ha hecho ninguna gracia. Un sexto sentido me ha dicho que no sería la última vez que realizaría esa maniobra en el viaje.
Después del sustito y de comernos un chorizo entero (gentileza de Flavio y de embutidos Flamago) mientras lo resolvíamos, hemos continuado hasta Saint-Tropez donde hemos salido de la autopista para coger la carretera de la costa. ¡Qué maravilla! O como diría mi amigo Casitas… ¡Hemorragia de Placer!! Que calas! Que casas! Que vistas! Que mar! La Costa azul Francesa es maravillosa!! Hemos parado a comer en un espigón sobre el mar en San Rafael y creo que nunca había disfrutado tanto de un bocadillo (de nuevo gracias, Flavio).
Hemos continuado por Niza, donde por un despiste he cerrado ligeramente al vehículo que circulaba junto a nosotros. Fue entonces cuando conocimos a una amable señora de unos 200 años que repitió varias veces el gesto del corte de manga por la ventanilla del vehículo que conducía, y que casualmente era el que yo había cerrado.
Después de una serie de maravillosos pueblecitos y playas de ensueño llegamos a Montecarlo, donde hemos realizado sobre Andrés el trazado completo del famoso circuito ya que se disputa en él la carrera de Fórmula 1 la semana que viene. Tras un par de fotos en la puerta del casino, donde nos hemos acordado mucho de nuestro amigo Germán al ver una fila interminable de Bentleys, Ferraris y lamborghinis, y de ser grabados para la televisión Italiana, hemos partido rumbo a Génova.
Hasta ese momento, todo estaba yendo sospechosamente bien. Todo salvo el indicador de la carga de las baterías del coche, que misteriosamente, cada vez estaba más bajo, y con el coche en marcha esto nunca debería suceder. No me di cuenta hasta llegar a un pueblecito precioso llamado Portofino (sabia recomendación de Paul), que se encuentra unos 20 kilómetros después de Génova con dirección a Florencia, donde buscando un hostalito donde pernoctar, observé que las luces del coche iluminaban bastante menos de lo habitual. Fue entonces cuando empezamos a atar cabos. Las luces del cuadro que se encendieron saliendo de Perpignan, continuaban encendidas, y Piti me dijo que hace poco a su tía se le encendieron todas las luces del cuadro de su Toyota por culpa de un fusible en mal estado. Así que ¡a buscar el fusible! Aparqué el coche y mientras Piti y Jorge se peleaban por usar el láser que me regaló nuestro amigo Jan la noche antes de Salir, Ron y yo buscábamos el fusible que inocentemente creíamos causante del problema.
Los fusibles estaban todos bien y no sabiendo si alegrarnos o preocuparnos, el mismo sexto sentido de al medio día en la cuneta, me dijo que algo no iba bien y decidimos arrancar el coche. La acción de girar la llave no surgió el efecto deseado y una profunda desesperación se apoderó de nosotros. No llevábamos dos días de viaje y ya nos había dejado tirados el coche. Tratamos de arrancarlo empujando y al menos esto funcionó. Subimos al coche todos y rumbo a ningún sitio, comenzamos a elucubrar posibles problemas y soluciones. De momento circulábamos de noche con unas luces simbólicas y con un coche que en cualquier momento nos podía dejar tirados.
Llegamos al pueblo de al lado donde nada más entrar, un Carabinieri italiano se interpuso en nuestro camino para darnos el alto. Pensando que nos iba a llamar la atención por las luces, observamos con horror que una procesión de aproximadamente el mismo tamaño que el tren de la noche anterior, comenzaba a pasar tras de él. Aprovechamos el receso para preguntarle al amable joven del coche de detrás por algún sitio donde pudiéramos cenar bien por la zona (todo esto por supuesto después de llamar a nuestra gran amiga Elisa para que nos indicara como formular dicha pregunta en italiano). Aparcamos el coche en un sitio cómodo de empujar después y nos fuimos a cenar por el cumpleaños de Ron al restaurante que nos había recomendado el chico del coche.
En la cena, pudimos hacer una buena composición de lugar y analizar bien la situación. Estaba muy claro, necesitábamos un taller y un sitio para dormir. Después de que Elisa me ayudara de nuevo a elegir las palabras correctas, me informé por la ahí de donde estaba el taller del pueblo. Llegamos a verlo y casualmente, frente a él había una zona muy tranquila donde pudimos montar el campamento base, en su modalidad “compacta” (solo coche y maggiolina) y disponernos para pasar ahí la noche.
Ahora solo debemos rezar para que en el taller mañana nos puedan mirar el coche y la cosa tenga fácil solución. Creemos que el alternador no carga y por eso las baterías se han ido descargando.
Lo estamos pasando fenomenal y hoy hemos acabado agotados. Piti, Jorge y yo vamos a compartir Maggiolina y Ron se ha ofrecido a dormir dentro del coche.
Buona notte!!!