Archive for the ‘Estados Unidos’ Category

4 de Septiembre al 14 de Octubre. Canadá - EEUU. Adiós Andrés…

Wednesday, October 22nd, 2008

- Pues está muy claro ¿no? -. Dijo Íñigo.- ¡GOD!

Justo en ese instante me di cuenta que se me había olvidado mi abrigo en casa de Mark, algo muy típico en mí, así que volvimos a recogerlo.

Partimos de nuevo, y tras perdernos un par de veces por hacer caso a las indicaciones de gente de lo más extraña, finalmente nos alejamos de Anchorage. Eran más de las 4 de la tarde así que aquel día no pretendimos recorrer demasiado.

Con Íñigo había viajado más que con nadie, y si había una persona con la que me sentía cómoda viajando, era con él. Si nuestro recién bautizado amigo se portaba bien, sería un agradabilísimo periplo de 8 días hasta Vancouver.

A pesar de los doce añitos que tenía el coche, y los trescientos mil kilómetros que marcaba el odómetro, iba fenomenal por la carretera. Incluso con los 4 neumáticos que había puesto Mark en el maletero, teníamos espacio más que de sobra para nuestras maletas. Además, podíamos enchufarle el Ipod, y conociendo a Íñigo, eso implicaría mucho reggae la próxima semana.

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Tardamos algo más de un par de horas en llegar a un lugar que creímos propicio para parar a dormir. Como Íñigo se acercaba peligrosamente a la media centena de años, decidimos que aquellos días en lugar de acampar en el monte, iríamos a refugios o a Bed & Breakfast. El lugar que encontramos, era una especie de refugio compuesto por casetitas de madera. Se podían alquilar por noches y no estaban lejos de la carretera.

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1 de Julio al 4 de Septiembre. Nepal… y mucho más.

Sunday, September 14th, 2008

-¡El que los encuentre se los lleva!-. Grité solemnemente mientras sostenía el billete en alto.

Todo el mundo empezó a hablar y a gritar, y tras unos segundos de revuelo un par de decenas de personas dejaron los paraguas en el quiosco de la plaza y echaron a correr por la avenida en busca de los amortiguadores. Les había explicado que los había perdido a unos 200 ó 300 metros así que ahí se dirigieron. La lluvia, el gentío y el bullicio convirtieron aquello en una situación de lo más pintoresca.

No habían pasado ni 5 minutos cuando un tipo se dirigió a mí diciendo que tenía lo que buscaba y que si le daba el dinero lo traería. El tío no se fiaba ni un pelo de recibir la recompensa tras entregarme la pieza, pero tras convencerle que lo único que quería era verla, desapareció a toda prisa junto a un joven.

Un par de minutos después les vi aparecer cruzando la avenida, con el agua por encima de las rodillas con los dos medios amortiguadores y el soporte del chasis en la mano. En el momento que le entregué el billete soltó lo que traía y miró incrédulo su recompensa. Unos segundos después desapareció.

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Observé la pieza, y aunque de los amortiguadores no quedaba más que la carcasa exterior y estaban totalmente destrozados, el trozo de chasis, que era lo realmente importante, estaba entero. No daba crédito a semejante golpe de buena suerte, así que sin más dilación y antes de coger una pulmonía, me subí al coche con mí trofeo a los pies del asiento del copiloto y partí rumbo a la frontera nepalí.

A lo largo del camino, vi un par de gasolineras donde estuve a punto de parar a echar, pero había tal cantidad de camiones haciendo cola, que preferí continuar con el medio depósito que me quedaba y poner gasolina después de la frontera. Aquello no era normal y debía haberme llamado la atención, pero entre la preocupación por los amortiguadores y que no veía el momento de cruzar a Nepal, pasó desapercibido.

A poco más de 15km de la frontera, vi a los lados de la carretera un par de talleres con bastante mala pinta donde estaban reparando entre otros vehículos, un autobús con un tremendo golpe frontal. En ese momento le soldaban una barra de hierro al chasis, que soportaría el peso del techo de la cabina. Por un momento pensé en detenerme y poner a toda aquella gente a levantar a Andrés, quitar ruedas, desmontar suspensiones, y un largísimo etcétera que llevaría todo el día. Entre la que estaba cayendo y que no tenía ninguna gana, decidí continuar e intentar reparar el coche en Nepal.

Por fin llegué a la frontera. Aparqué el coche frente a la oficina del control de pasaportes y documentos, y por vigésima vez me dispuse a rellenar los impresos de salida de un país.

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