10 al 16 de Junio. Pakistán. Recargando pilas.
Tuesday, June 24th, 2008Pasé a las oficinas de la aduana tras el director, donde tras presentarme a toda su plantilla, me ayudó a rellenar todos los formularios de rigor, incluido el Carné de Pasaje de Aduanas, que era el documento que por suerte había recibido en Kabul, sin el cual parece ser no se podía entrar en Pakistán con el coche. Estuve hablando bastante tiempo con aquel tipo, mientras nos traían para degustar todo tipo de bebidas típicas de Pakistán y me puso un poco al tanto de la situación en su país. “Mucha inestabilidad debido a que los terroristas afganos atentan continuamente en Pakistán”.
Cuando nos dirigíamos ya a mi coche, me indicó que un coche con tres policías me escoltaría hasta mi hotel y otro más me acompañaría en mi coche. Yo aunque no lo creí necesario, accedí de buena gana.
─ Muchísimas gracias. La verdad es que no me dirijo a ningún hotel. Voy a casa de un amigo que vive en Peshawar y este es su teléfono-. Le dije entregándole el papel donde Edel me había anotado su número.
Tras arreglar el encuentro, les dio a los policías las señas pertinentes y nos despedimos. Saludé al policía que venía conmigo, y me asusté un poco al ver el pedazo de arma que iba a llevar en el coche. Le pedí que tuviera cuidado, ya que no me apetecía nada que le abriera un boquete a la Maggiolina, pero éste se rió diciendo “no problem, no problem”.
En cuanto salí detrás de los policías me empecé a preocupar. ¡Iban como locos! Y la mayoría del tiempo en dirección contraria -“¿quién es más tonto, el tonto, o el tonto que sigue al tonto?” pensé- El tonto era yo que tardé un buen rato en darme cuenta que en Pakistán, como antigua colonia británica cuando aun era parte de la Inda, conducían por el lado izquierdo.
En el viaje hacia Peshawar, pude observar que el paisaje era muy similar al de Afganistán. Se respiraba mejor ambiente en las carreteras, a pesar de cruzarnos varias pick up con gente armada detrás, incluso una en la que un tipo llevaba entre las piernas un lanza misiles como el de Rambo. (Por favor, no penséis mal).
Tardamos algo más de una hora en llegar a Peshawar y el sueño ya estaba a punto de vencerme. Era muy entrada la tarde y no veía el momento de tumbarme en cualquier sitio durante 12 horas. Lo único que me mantenía un poco despierto era la ilusión que me hacía ver que la aguja de la temperatura de Andrés ni se acercaba a la raya de en medio a pesar que íbamos mucho más rápido de lo que iba yo normalmente. Parecía que el problema se había solucionado.
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